Acapulco y el Huracán Otis
Por: Nayeli Luna
El huracán Otis, un fenómeno meteorológico catastrófico de categoría 5, impactó la ciudad costera de Acapulco el 25 de octubre a las 00:25 horas, desencadenando una rápida y devastadora intensificación que sorprendió tanto a las autoridades como a los expertos.
A pesar de la relativa previsibilidad de los ciclones tropicales, la inusual y veloz evolución de Otis limitó severamente la capacidad de tomar medidas preventivas, lo que condujo a una devastación generalizada en la infraestructura de la ciudad, convirtiendo a Acapulco, uno de los destinos turísticos más visitados de México, en una zona de ruina y caos.
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció la implementación de un censo a nivel domiciliario con el propósito de identificar las viviendas y negocios impactados por el desastre natural. Asimismo, aseguró que se llevará a cabo un programa destinado a la construcción y mejora de viviendas para ayudar a aquellos afectados, y se comprometió a respaldar a los pequeños agricultores que sufrieron la pérdida de sus cosechas debido al fenómeno natural.
Los efectos de Otis fueron abrumadores, dejando a su paso hoteles y viviendas destruidos, vías colapsadas y miles de personas aisladas en Acapulco, ubicado en el Estado de Guerrero. Las cifras actualizadas al 31 de octubre reportan 46 personas fallecidas, incluyendo 3 extranjeros, y 58 individuos aún sin localizar y se teme que esta cifra pueda aumentar a medida que se realizan las labores de búsqueda y rescate. El huracán Otis adquirió en tan solo 12 horas la máxima clasificación posible, pasando de ser una tormenta tropical a un huracán de categoría 5, un fenómeno conocido como "intensificación rápida" (RI), que resultó en un aumento de velocidad de 185 km/h.
La inusual magnitud de este fenómeno meteorológico ha dejado a los científicos y a las autoridades desconcertados, ya que ni el Servicio Meteorológico Nacional ni las instancias gubernamentales pudieron anticipar su rápida y fulminante evolución. El huracán Otis ha sido descrito como uno de los eventos más intensos y sin precedentes en esta región de México, superando en velocidad de intensificación incluso a eventos anteriores como el huracán Patricia, que golpeó la costa de Jalisco y Colima en 2015.
La impactante destrucción en Acapulco ha dejado a la ciudad en estado de desolación e incomunicación. La respuesta humanitaria y de emergencia se vio retardada, comenzando a movilizarse hacia la zona recién el viernes posterior al impacto.
“Para poder decir que este evento trágico se puede atribuir al calentamiento global, es necesario llevar a cabo una serie de estudios que no hay manera de que se hayan hecho en apenas estas 48 horas que han pasado”, dicen los especialistas.
Los eventos climáticos extremos como el huracán Otis no son meras casualidades; su magnitud y frecuencia aumentarán si no se aborda el calentamiento global. Estos eventos son el resultado directo de la extracción y combustión de combustibles fósiles, junto con la degradación de ecosistemas fundamentales para la vida.
Organizaciones como la Alianza Mexicana contra el Fracking,
el Centro Mexicano de Derecho Ambiental y Greenpeace México han insistido al
gobierno de México a tomar medidas inmediatas contra la crisis climática,
señalando la falta de políticas para prevenir estos desastres.
Los daños se agravan por nuestros errores. En el caso de Otis, el desastre se vio amplificado por políticas públicas deficientes y decisiones erróneas en Acapulco, donde el desorden fue fomentado por las autoridades.
Es esencial enfocarse en un urbanismo ecológico para el
futuro, ya que la región ha sufrido alteraciones significativas. Construir
edificios en áreas costeras vulnerables resulta contraproducente. Estos
desarrollos, como los complejos turísticos de alta densidad, son inadecuados en
tiempos de cambio climático, ya que se ven inundados por tormentas al estar
ubicados en zonas frágiles donde antes se encontraban manglares.
