Explorando el altar más grande del mundo en Xalapa en el Día de Muertos
Por: Nayeli Luna
A modo de identificar y realzar a los pueblos originarios de Veracruz, el gobierno estatal a través de la Secretaría de Educación del estado y con ayuda de voluntarios de diferentes planteles educativos y miembros de la comunidad, se construyó con paciencia, esmero y dedicación el altar de muertos más grande del mundo.
Este monumento temporal se crea como un símbolo de la veneración y el respeto por los seres queridos que han partido. Es un tributo a la tradición, a la riqueza cultural de México y a la celebración de la vida a través de la muerte.
“Una fiesta construida entre todas y todos que refleja la concepción ancestral de la vida y la muerte, un reencuentro de las personas que habitan la tierra y los que han ido al más allá, la conexión entre la naturaleza, el medio social y la vida misma”, expresó el director general de la Academia Veracruzana de las Lenguas Indígenas, Eleuterio Olarte Tiburcio.
El encargado de despacho de la SEV, Víctor Emmanuel Vargas Barrientos, fue el encargado de inaugurar la ceremonia. Invitó a todos los habitantes de Xalapa y sus alrededores a sumergirse en esta muestra intercultural de forma totalmente gratuita.
Lo que hacía especial a esta ofrenda es que no se trataba sólo de una exhibición estática, sino que incorporaba tecnología moderna. Los visitantes tenían la oportunidad de aprender sobre la tradición de los pueblos presentes a través de códigos QR impresos en los foros. Escaneando estos códigos, podían descargar material audiovisual en lengua materna, lo que añadía una dimensión educativa y cultural al evento.
Para el altar se utilizaron 17 toneladas de flores de cempasúchil, junto con media tonelada de mano de león, mil 204 velas y 208 cañas de otate para su creación. Este altar es un homenaje a la diversidad cultural de Veracruz, ya que involucra a 12 de las 14 culturas originarias del estado, incluyendo a las comunidades chinanteca, mazateca, mixe, popoluca, mixteca, náhuatl, tének, zapoteca, zoque y zoque popoluca, entre otras.
Las doce comunidades originarias que han contribuido a este gran evento es notable. Desde los Chinantecas hasta los Mixe Popoluca, pasando por los Nahuas de la Huasteca, cada grupo ha aportado su singularidad, plasmando su cosmovisión en la inmensidad del altar. Los Tutunakú crearon un arco adornado con elementos como el tepejilote, flor de cempasúchil, mano de león y flor de olote. Mientras que los Tének utilizaron el palo de sol para construir su arco, envuelto en la vibrante flor de muerto.
La representación visual de esta festividad incluye arcos colmados de naranjas, mandarinas y plátanos por los Mazatecos; decoraciones de flores y palma por los Zoques; veladoras, agua bendita, copal, flores, pan de muerto, atole y tamales de frijol mulato por los Mixe Popoluca. Cada detalle, cada decoración, cuenta una historia, una tradición, una forma de celebrar y honrar a los seres queridos.
El momento más esperado llegó cuando la adjudicadora de Récord Guinness, Susana Reyes, tomó la palabra para reconocer la magnitud de la ofrenda monumental. Con más de 12 horas de trabajo y 1567 metros cuadrados, el altar ubicado en el Velódromo Internacional de la ciudad de Xalapa recibe el reconocimiento de esta organización, dejando atrás la marca anterior lograda en Nuevo León, que realizó una mega ofrenda de 1212 metros cuadrados.
El auge de este evento fue la ceremonia de encender las velas destinadas a iluminar el camino de las almas. En el complejo deportivo, familiares de los difuntos habían dispuesto comidas, vestimenta, herramientas de trabajo y utensilios domésticos que se creía sus seres queridos usarían durante un año, hasta su próximo regreso en el Día de los Muertos.
La creación y presentación del altar más grande dedicado al Día de Muertos no solo representa un logro monumental en tamaño y diseño, sino que también simboliza un tributo conmovedor que trasciende fronteras, destacando la importancia de preservar y honrar la memoria de aquellos que ya no están con nosotros físicamente.
Este altar, con su magnífica estructura y la participación de diversas comunidades indígenas, resalta la riqueza y la diversidad cultural de Veracruz. La combinación de elementos tradicionales con la integración de tecnología ofreció una experiencia única y sirvió como un recordatorio conmovedor de la conexión entre la vida y la muerte, honrando las tradiciones, legados y memorias.
